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SUEÑOS ROTOS

Actualizado: 14 de may de 2018


Cuando mueren los sueños creados por nuestra mente, nuestros proyectos, deseos y ambiciones, con ellos también nos sentimos morir nosotros. Pero tenemos la oportunidad de resurgir, como el Ave Fénix, renovarnos, como el águila,  levantarnos  con nuevos sueños, nuevos proyectos o lo más importante y decisivo para nuestras vidas; descubrir e incorporarnos al sueño con el que Dios nos soñó, la vocación que en nosotros Él imprimió.

Con la muerte de Jesús, murieron los sueños de sus apóstoles, y de sus seguidores, se sintieron desolados, desorientados, desamparados. No entendían su mensaje, no comprendían lo que reiteradamente les anunciaba cuando vivían con Él,  y aun después de muerto tardaron tiempo en darse cuenta de lo que les había anunciado y de lo que estaba sucediendo en su entorno. Ellos seguían a Jesús en vida porque esperaban una recompensa física. La más ambiciosa era la de los doce apóstoles, ellos esperaban la recompensa de ser ministros, los  principales funcionarios en el reino de Judá e Israel, que ellos esperaban que Jesús restituyera, es decir, ser los doce ministros principales del reino de Israel.

Con la muerte de Jesús sintieron que morían también sus sueños, su futuro, todas sus esperanzas habían sido rotas, crucificadas. Sin embargo, se produjo ¡el milagro!, este milagro que por ser tan cotidiano en la vida, en la naturaleza, lo obviamos, es absolutamente necesario para que nosotros vivamos, que el grano de trigo sea machacado, molido e ingerido. Y así sucede con todos los frutos de la tierra y aun con el sacrificio de muchos animales y, aun cuando respiramos eliminamos infinitud de microorganismos vivos que están en suspensión en el aire. 

El simbolismo de la Santa Cena, de la Eucaristía, se hace realidad en nuestra cotidiana existencia, algo tiene que estar muriendo para que nosotros vivamos.   De la muerte de Cristo surgió una nueva vida, un nuevo sueño, una nueva esperanza,  un nuevo ministerio, una nueva forma de servir, un sueño eterno, el ministerio, la vocación que Dios el Padre tenía reservado para ellos, era un llamado a la muerte natural  y un  despertar a la eternidad, este mensaje tan real, aún perdura gravado en nuestras mentes y en el subconsciente colectivo de esta burbuja llamada tiempo que, es nuestro planeta Tierra, pues difícilmente, encontrarás en ella un lugar, un país,  que no haya oído hablar de Jesús.  

Todas las grandes religiones le reconocen o le odian, desde los yogas, el hinduismo, el budismo, el judaísmo, el Islam y por supuesto todas las ramas o denominaciones del cristianismo. Y,  en el más allá, en una dimensión alejada de la maldad, llamada Reino de los Cielos, nuestro sueño perdura eternamente en las moradas celestes.   La vida es sueño y los sueños sueños son, decía  Calderón De la Barca; y, Santa Teresa de Jesús decía: que está vida es como una noche en una mala posada. Y en otra ocasión escribía: vivo sin vivir en mi y, tan grande vida espero que muro porque no muero. ¿Hay vida después de la vida?  ¿Hemos preexistido?

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