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LA CARTERA DE MI PUEBLO

Actualizado: 14 de may de 2018



Cuatro días antes de navidad, le regalé mi libro “La Biblia y Los Sueños” a la cartera del pueblo en que vivo. En la dedicatoria  le escribí lo siguiente: para que se cumpla el sueño de Dios en tu vida..., dos días después, cuando hacia su ruta, llamó a mi puerta y me dijo: ya estoy cumpliendo y viviendo mi sueño. — ¡ah sí! —le dije— sí, —me contestó ella—. Ser cartera era mi sueño desde pequeña.

Me contó que cuando era pequeña veía al cartero de su pueblo repartir el correo, y se imaginaba que ese hombre debía ser muy feliz  haciendo su trabajo, por lo que pensó que de mayor ella sería cartera. Cuando creció, descubrió que el cartero de su pueblo no era un hombre feliz ni mucho menos, y ella ahora como cartera en algunos aspectos de su vida tampoco; en parte siente un vacío y amargura por cosas que le han herido profundamente y otras que le siguen decepcionando todavía. Sin embargo desarrolla su trabajo de cartera con gran entusiasmo y una dedicación admirable, y nosotros lo notamos  y, ¡de qué manera!  Hace unos años atrás, con los carteros anteriores había tanta negligencia que alquilé un apartado de correos para mi pequeño negocio, ya que se nos perdía la correspondencia un día sí y  otro también. Cuando la asignaron a ella para el reparto dejamos el apartado de correos porque  nos resultaba más eficaz su servicio que el del apartado.

En estos días le dije: tu trabajo de mensajero cumple una función muy importante para la sociedad, al mismo tiempo que atractivo; vas de puerta en puerta, conoces a mucha gente y les llevas buenas y malas noticias… Cumples la misma función que los sueños, que nos comunican buenas y malas cosas, ¡como lo sabes…!  —me contestó—.

Mira, te traigo dos multas de tráfico ¿qué te parece?  —me parece que algo habré hecho mal—. Pues eso ¡aportarse bien eh!  jajaja —se reía a carcajadas de mi comentario —.

Sin duda amas tu trabajo y bien que te lo agradezco —le dije—. Ella sorprendiéndome una vez más respondió:  uno de los primeros capítulos de tu libro donde cuentas la historia de "José el soñador" me gustó muchísimo, y nunca me olvidaré de esa frase que dices:  "La grandeza de la sencillez".  Me hizo llorar cuando lo leí —me dijo—. Si…, la próxima vez me emociona así no sé si lo seguiré leyendo ¡eh!...

—Me sorprende que tú, teniendo ese carácter tan fuerte te emociones y llores por la lectura de una sencilla historia —le dije—.

Tú lo has dicho, por la lectura de una sencilla y bonita historia —manifestó ella—. La sencillez y la humildad escasean mucho y hay mucho gil y mala gente por todas partes —siguió comentando—. Bueno me voy que sino hoy no termino mi trabajo.  Se fue corriendo como de costumbre, para hacer deporte como ella suele decir mientras trabaja, al tiempo que runruneaba algunas de sus palabrejas malsonantes.

¡Que Dios te guarde! —Le dije —adiós, adiós, adiós — repetía al tiempo que se alejaba.

¡Gran profesional  la cartera de mi pueblo! su trabajo no es difícil para ella, dice que le pagan por hacer lo que le gusta… Eso solo puede decirlo alguien que está realizando y trabajando en lo que un día soñó. Por eso su trabajo es un desahogo —según dice ella—. Y yo digo que para la completa felicidad, el cumplimiento de otros sueños le faltan.

Alfredo Manzano

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